Todo indica que la clave es una alimentación balanceada con una marcada reducción de los azucares de absorción rápida (dulces, mermeladas, pasteles, caramelos, golosinas, bebidas gaseosas no Light, etc.), una moderada reducción de los hidratos de carbono complejos (pan, papa, arroz, masas) y una reducción en la ingesta de las grasas saturadas (carnes rojas, huevo, mariscos bivalvos y crustáceos, vísceras, embutidos y productos lácteos enteros o sus derivados). Aunque parece complejo, seguir esta pauta de alimentación es posible. En los últimos años se han desarrollado algunos sitios nacionales de divulgación de gran utilidad. Destaca la página Eligevivirsano.cl que ha sido desarrollada en el marco de un programa gubernamental de educación sobre estilos de vida saludables.

Los invitamos a visitarla y a seguir las recomendaciones sobre alimentación saludable y ejercicio físico. Lo anterior es altamente beneficioso para el hígado graso y sus condiciones asociadas (diabetes y obesidad).